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¿Cómo se instala el cambio en educación?

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Los que trabajamos en docencia universitaria, percibimos que el escenario cambió, a nivel local y  mundial.   El acceso masivo a las universidades y el mayor intercambio cultural, enriquece las aulas de una diversidad que necesariamente se debe atender. El acuerdo de Bolonia (1999), firmado entre los ministros  de educación de los países europeos, fue el punto de partida para materializar una tendencia a flexibilizar, homologar y masificar la enseñanza universitaria. Fruto de los objetivos del Acuerdo, surge el proyecto Tuning. El principal objetivo de este proyecto era determinar las competencias genéricas y específicas para los programas de estudios de varias disciplinas.  Las universidades chilenas prevén la necesidad de alinearse con las tendencias internacionales; y algunas se han abocado de lleno al rediseño curricular bajo el modelo por competencias. Pero ¿cuántos y cuánto sabemos efectivamente de qué se trata? ó ¿por qué es mejor que el modelo tradicional?

Lo que los profesores experimentamos del cambio, es que los estudiantes académicos de antaño: auto-motivados, competitivos y rigurosos no son  el común denominador de la masa estudiantil que acude a  las universidades hoy por hoy. No quiero establecer comparaciones odiosas, sino más bien resaltar que la   docencia universitaria se ve enfrentada a desafíos metodológicos y que éstos ya no se pueden resolver desde la lógica de la intuición de cada docente. De allí que es altamente pertinente implementar cambios.

Pero, por otra parte, todos hemos sido alumnos formados bajo un modelo pedagógico determinado y el grado de adhesión o rechazo hacia el mismo se transparenta en nuestro quehacer. Sin mediar tendencia mundial, acuerdo o proyecto alguno, el resabio de la tradición pesa más que cualquier teoría para instalar cambios en educación. Nadie se va a autoimponer nuevas  prácticas si percibe que las que aplica  funcionan bien con sus alumnos.

Un cambio en educación, no es tan fútil como operacionalizar el quehacer docente  apropiándose de cada modelo nuevo solo para estar a la vanguardia. Aunque efectivamente toda innovación necesariamente implica modificar los materiales didácticos y las metodologías de enseñanza; es decir se debe adoptar un modelo conceptual; lo sustancial es modificar las creencias y percepciones que se tienen respecto de la educación y la enseñanza, quienes ejercen la docencia.

Las instituciones, que con toda legitimidad y responsabilidad, implementan procesos de cambio curricular para poner énfasis en la calidad de la enseñanza,  tienen que (y deben), iniciar la tarea considerando a los docentes como actores y gestores del cambio. Todo intento de innovar fracasará si se omite involucrar a los profesores en un proceso consciente de re-ingeniería para desarrollar nuevas concepciones de su quehacer docente. Para esto es necesario, en primer lugar, conocer qué significados manejan los docentes respecto de conceptos como enseñar, aprender y evaluar, y desde esa perspectiva instalar nuevos paradigmas. Sesgado este obstáculo, cualquier metodología de enseñanza encontrará terreno fértil para cumplir la tarea que convoca a las instituciones de educación superior.

Carmen Pérez,

Académico Escuela de Administración y Negocios – Universidad de Concepción.

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