Docencia universitaria efectiva

By 28 de enero de 2019marzo 23rd, 2021Columna

Hemos dado un gran salto al constituirnos como Región de Ñuble. Esto nos llena de orgullo y al mismo tiempo nos desafía a mejorar en aspectos económicos, sociales, tecnológicos y medioambientales. Sabemos muy bien que, para lograrlo, es fundamental la formación de un talento humano competente. En Ñuble existen nueve universidades y miles de alumnos regulares. Son varios los factores que hacen que los estudiantes puedan egresar con las competencias clave de acuerdo a su carrera; y uno de ellos consiste en la labor del docente.
Podría expresar mucha información para indicar lo que los expertos han planteado sobre cómo llevar a cabo la docencia universitaria efectiva, pero en esta oportunidad me centraré en tres reflexiones. En primer lugar, un factor clave es el desarrollo de la empatía con los alumnos. Por ejemplo, no es fácil que los alumnos de inmediato comprendan el valor de algunas asignaturas para el mundo laboral (esto tiende a darse mayormente en contenidos con mucha matemática). Ahí es necesario el rol de docente como líder, en el sentido de orientar a sus estudiantes y reforzar el hecho de que vale la pena comprender dichos tópicos por medio de actividades teórico-prácticas que les permitan el vínculo con el ámbito laboral. Esto es necesario para que el alumno se motive a estudiar.
En segundo lugar, quiero destacar unas palabras del doctor Carles Monereo (2017), de la Universidad Autónoma de Barcelona, y especialista en estrategias de enseñanza y aprendizaje: “Nuestro éxito es el éxito de los estudiantes. Lo mismo que para un médico su éxito es que los pacientes sanen, en el caso de un profesor el éxito es que sus alumnos aprendan y aprueben. El aprobado se tiene que dar a cambio del aprendizaje; puedes aprobar a todo el mundo, claro, pero se tiene que dar a cambio el aprendizaje”. Si bien hay que tener claro que el alumno es el principal responsable de su formación y éxito académico, es necesario que el docente juegue un rol más activo en lograr el aprendizaje y aprobación de sus estudiantes, pero por ningún motivo degradando la calidad y la exigencia que la asignatura y los objetivos del perfil de egreso lo ameritan. Es un desafío del cual tenemos que hacernos cargo.
Finalmente, pienso que es relevante romper con el mito del trade off entre investigación y docencia. No hay que ver ambas cosas como un sustituto, sino como una oportunidad para generar sinergias. Es decir, la investigación permite mejorar nuestra docencia, y la docencia ayuda a potenciar la investigación. Al elaborar artículos científicos nos vamos enriqueciendo con la literatura “recién salida del horno”, y actualizamos nuestros conocimientos para luego transmitirlos a nuestros alumnos. Inversamente, un buen quehacer docente permite reforzar lo que ya se conoce, desarrollar el espíritu crítico y el sentido de la observación, a fin de obtener nuevas ideas para el aporte científico, y además generar un impacto positivo al entorno.
Invito a mis colegas de las distintas disciplinas y a toda la comunidad universitaria a seguir perfeccionando nuestra labor, para que en el mediano y largo plazo podamos ver los frutos en el desarrollo de nuestra región y país.

Carlos Delgado Fuentealba

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