Chile, país de emprendedores pero no de innovadores

By 18 de diciembre de 2017marzo 23rd, 2021Columna

En los años setenta la estrategia económica de Chile dio un vuelco significativo: Pasó de la industrialización a centrar sus esfuerzos en los mercados externos. La idea era bajar al mínimo las barreras arancelarias para así disminuir  los precios de productos importados, que de la mano del libre comercio estimularían el consumo, base de una economía “sana” y sostenible. A propósito… a esta altura todos sabemos que las AFP jugaron un papel importante en ésta estrategia. La máxima: Dediquémonos a lo que somos buenos e importemos el resto… Si bien pareciera ser una estrategia coherente, considerando el pequeño mercado de consumo interno, a la larga generó consecuencias indeseables, tal como la concentración del cobre en la matriz exportadora, provocando alta dependencia del metal y amenazando la supervivencia de los pequeños exportadores por las fluctuaciones generadas en el precio del dólar. Desde el punto de vista interno, es claro ver como todos los sectores económicos son dominados por dos o tres actores, lo que configura una barrera de entrada natural para quienes osen amenazar sus liderazgos.

Este escenario es propicio para los grandes conglomerados que ven protegidos sus patrimonios generando altas rentabilidades sin necesidad de invertir en innovación. Así lo ratifican los números: Chile es el país de la OCDE que menos invierte en I+D llegando a sólo un 0,38% del PIB, basados principalmente en los apoyos estatales a las Universidades; Investigaciones que no necesariamente terminan siendo un producto concreto que dinamice el mercado. Por otro lado, viendo los informes de la Global Innovation Index – respaldados por prestigiosas escuelas de negocios de Europa y EEUU – Chile mantiene un constante descenso desde el 2011 donde ocupó el lugar 38 hasta el 46 en 2017, siendo una de las variables críticas la escasez en capitales de riesgo. Si bien el Estado está invirtiendo muchos recursos en capitales Semilla y en montar ecosistemas de emprendimiento, los proyectos nuevos con alto grado de innovación y potencial de escalamiento global quedan cojos de un financiamiento adecuado para ésta etapa. Es así como los principales referentes locales han salido a buscar financiamiento en el extranjero.

Esto contrasta con el inmenso interés de la sociedad por emprender. Según el informe de la GEM (Global Entrepeneurship Monitor) Chile es el sétimo país a nivel mundial con más emprendedores, llegando al 24,2% de las personas en edad productiva, sin embargo, más de un tercio declara no tener trabajadores dependientes, por lo que puedo deducir que más allá de la legítima ambición de las personas, estamos frente a un mecanismo de autoempleo muy útil para las estadísticas y las intenciones políticas de las agrupaciones que los reúnen.

Para mí hay cierta conciencia colectiva en la necesidad de innovar para mantener una economía sana y sustentable en el largo plazo, sin embargo mientras la gran empresa privada no invierta en innovación y los capitales de riesgo no se extiendan a lo largo del País, seguiremos siendo exportadores de materias primas, pasando del salitre al cobre y del cobre al litio.

José Coloma

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