
La prueba para el ingreso a la educación superior en Chile es algo que tenemos muy arraigado en nuestra tradición académica, pasando por el Bachillerato, la PAA, la PSU, la PDT y actualmente la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES). Es muy frecuente escuchar lo complejo y difícil que es para muchas personas rendir estos exámenes, considerando todo el estudio, la preparación y la exigencia mental que requieren para obtener el puntaje suficiente que les permita ingresar a la carrera que desean o que necesitan para asegurar un futuro más estable.
Se suma al nivel de dificultad la angustiante sensación del «todo o nada». El día de la prueba no puede fallar absolutamente nada: tener el lápiz de mina con características específicas, al menos una goma de borrar, no llevar distractores que puedan causar un inconveniente y estar lo más tranquilo posible, buscando rendir de la mejor manera para obtener ese puntaje ideal.
Pero sabemos que la vida no es justa. A veces, días antes de rendir la prueba ocurre lo inesperado, como una enfermedad pasajera, una crisis de ansiedad o alguna situación familiar compleja que hace que la prueba sea un verdadero fracaso. Antiguamente no había margen para la recuperación; solo quedaba la frustración de esperar todo un año para tener otra oportunidad e iniciar el desgastante proceso nuevamente desde cero.
En este sentido, la creación de la PAES de invierno, que cumple su cuarto año de implementación, es positiva, ya que está diseñada para quitarle ese enorme peso a solo la rendición de fin de año. Es una instancia pensada para estudiantes que ya egresaron de cuarto medio y funciona como una evaluación extra con un puntaje válido por dos años, para el proceso de admisión universitaria.
Lo explico con un ejemplo concreto: supongamos que yo egreso de cuarto medio en 2026 y me inscribo en la prueba regular. Obtengo un buen puntaje, por ejemplo 850 puntos en M1 (Matemática), pero no es suficiente para ingresar a la carrera que quiero. Me esfuerzo estudiando y rindo la prueba de invierno en 2027, donde me va mejor y consigo 900 puntos. Gracias a esto, para la prueba regular de fin de año de 2027 ya puedo concentrarme únicamente en las otras materias que necesito mejorar, dado que ya tengo mis 900 puntos asegurados, porque que el sistema permite seleccionar la mejor marca de cada examen dentro de un bloque de dos años.
Además, los datos oficiales del DEMRE lo respaldan con claridad: 9 de cada 10 estudiantes que rinden la prueba de invierno logran mejorar su puntaje en al menos una de las pruebas.
En un escenario donde el ingreso a las carreras más demandadas es cada vez más competitivo, esta estrategia de dosificación cambia radicalmente las reglas del juego: el estudiante ya no se sobrecarga intentando dominar todo de una sola vez, sino que conquista la prueba paso a paso, enfocando sus energías de manera inteligente.
Además, el beneficio más significativo de la PAES de invierno es la equidad. Los datos del DEMRE demuestran que esta segunda oportunidad no favorece solo a unos pocos: el 54% de los estudiantes de colegios municipales, SLEP y particulares subvencionados logró subir entre 50 y 150 puntos en la prueba M1. En la práctica, estos seis meses adicionales le devuelven al estudiante el tiempo que el sistema escolar no le dio, permitiéndole nivelarse, subir su puntaje y construir, prueba a prueba, el acceso a la carrera que realmente quiere.
Jorge Torres Fuentes



