
Ñuble exhibe hoy la mayor tasa de desocupación del país con un 11,2% en el trimestre junio-agosto de 2026, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). En este sentido, han surgido opiniones que atribuyen esta situación principalmente a factores como el alza de costos laborales, incluyendo el salario mínimo, ley de 40 horas, la estacionalidad de la región y una adopción tecnológica más rápida de lo que el mercado laboral alcanza a absorber. Sin embargo, esta cifra convive con una paradoja que los indicadores no explican, ya que mientras miles de personas buscan empleo, numerosas empresas no consiguen cubrir sus vacantes, a pesar de existir disposición por la contratación. La Encuesta Nacional de Demanda Laboral (ENADEL, 2025), aplicada por el Ministerio del Trabajo, arrojó que seis de cada diez empresas tuvieron dificultades para contratar, principalmente por falta de competencias técnicas y otras situaciones particulares de las personas que postulaban.
Esta coexistencia sugiere que el problema no es solo de cantidad de empleos, sino de empleabilidad, entendida como las condiciones que permiten a una persona acceder a un trabajo y sostenerlo en el tiempo. Desde la consultoría, sostengo que la selección es un lugar privilegiado para observarlas, pues allí se hace visible lo que la estadística y los indicadores laborales omiten.
El hallazgo más inquietante que se logra distinguir en este desajuste es el consumo de drogas. En cargos donde el tema de la seguridad es esencial, como el trabajo en altura, mantenimiento, la conducción o la operación de maquinaria, es frecuente que postulantes con experiencia resulten positivos en los exámenes pre ocupacionales obligatorios. Cuando no se detecta, el consumo se traduce en accidentes, conflictividad en los equipos y deterioro de la relación entre jefaturas y colaboradores.
Claramente, no es un fenómeno aislado, sino parte de una realidad social más amplia.
La ansiedad, el agotamiento y los cuadros depresivos emergen con frecuencia en las evaluaciones, lo que hace que existan incompatibilidades con algunos roles y trabajos.
A estos factores se suma un desencuentro de expectativas, es decir, vacantes que quedan vacías porque los postulantes no aceptan el sueldo, las condiciones, los horarios o la ubicación. A ello se agrega otro fenómeno cada vez más creciente: la movilidad laboral. Hace unos años, que una persona tuviese varios trabajos en poco tiempo era poco frecuente, hoy es casi la norma, siendo muy común ver currículums con trayectorias de un mes en un lugar y tres en otro. Aquello despierta alertas y hace que los empleadores se inquieten. Ante ese riesgo, quien decide tiende a evitar el error y prefiere postergar la contratación, por lo que la vacante permanece sin cubrir.
Cabe destacar que ninguno de los factores mencionados son exclusivos de los niveles operativos y que también alcanza a profesionales, jefaturas y gerencias.
De lo anterior se desprende que estas situaciones no son fallas individuales, sino síntomas de problemas estructurales que exigen una respuesta compartida entre empresas, sistema educativo, salud pública y Estado.
Comprender el desempleo exige, por tanto, incorporar la evidencia que surge de la práctica cotidiana de la gestión de personas. La selección de personal muestra lo que los números no ven. La pregunta de fondo que surge es si estamos dispuestos a mirarlo.
Marcelo Oliva Abusleme



