El paso decisivo hacia la madurez digital

La decisión de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) de dejar atrás los mecanismos de autenticación impresos, como la tarjeta de coordenadas, no debe leerse solo como el fin de herramientas que fueron útiles en su momento, sino como la señal de un país que comienza a transitar hacia una etapa más exigente de su desarrollo digital.

Por casi dos décadas estos mecanismos cumplieron un rol clave en la verificación de identidad para operaciones financieras. Pero, actualmente, se requieren mayores niveles de validación para comprobar la titularidad del dueño de la cuenta o del medio de pago; más aún en un entorno donde el delito evoluciona con rapidez y creatividad.

Los sistemas de autenticación digital incorporan capas adicionales de verificación que elevan las barreras para el fraude. Sin embargo, sería un error asumir que la tecnología, por sí sola, resuelve el problema.

Muchos de los fraudes actuales no apuntan a fallas técnicas, sino a las personas: se basan en engaños, suplantaciones o descuidos que ninguna plataforma puede prevenir completamente. Por ello, la seguridad también depende del comportamiento y la información de los usuarios.

En ese sentido, la CMF no ha limitado su acción solo al ámbito normativo, sino que también ha asumido un rol activo en educación financiera, impulsando una campaña a nivel nacional orientada a fortalecer la adaptación a estos sistemas, con especial foco en personas mayores, uno de los grupos más expuestos a este cambio.

Para ello, ha articulado alianzas con instituciones académicas, municipios, centros comunales de adultos mayores y organizaciones territoriales. Destaca la relación de cooperación construida con la Escuela de Administración y Negocios (EAN) de la Universidad de Concepción (UdeC), con la que en 2016 se impulsó el primer curso electivo universitario de educación financiera y económica, vigente hasta hoy.

Esta alianza ha sido clave en las regiones de Ñuble y Biobío para fortalecer la alfabetización financiera, posibilitando además la capacitación de estudiantes, que se desplegarán en terreno para orientar a las personas respecto de las formas de autenticación digital. De este modo, la CMF fortalece la educación financiera a través de iniciativas territoriales y, al mismo tiempo, forma a nuevos agentes que amplifican estos conocimientos.

Este enfoque regulatorio y formativo da cuenta de la forma en que debe abordarse la seguridad: ya no puede entenderse solo como una cuestión de herramientas, sino de capacidades que deben desarrollarse a nivel colectivo. Lo que está en juego no es solo la adopción de nuevos sistemas, sino la forma en que las personas los comprenden y enfrentan.

La seguridad dejó de ser un problema exclusivamente técnico para convertirse en un desafío social y, en este ámbito, no existen soluciones automáticas: ningún sistema reemplaza el criterio, y ninguna innovación sustituye la educación.

El fin de los mecanismos de autenticación impresos, entre ellos la tarjeta de coordenadas, no es, entonces, un simple ajuste operativo, sino una señal más profunda. En materia de seguridad, la confianza en el entorno digital no se garantiza, se construye. Y es precisamente en esa construcción donde se da un paso decisivo hacia la madurez digital.

Marjorie Arias Parada, Alumni EAN

Analista Senior de Desarrollo de Mercado, Comisión para el Mercado Financiero (CMF)

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