Desempleo en Ñuble: más allá del 11,2%

La tasa de desocupación de Ñuble alcanzó 11,2% en la última medición, la más alta entre las regiones del país y 1,6 puntos porcentuales sobre el promedio nacional de 9,6%. Esta realidad no es un fenómeno completamente aislado. El desempleo nacional aumentó un punto porcentual en doce meses y los ocupados disminuyeron 0,9%. Sin embargo, la comparación regional muestra que Ñuble enfrenta este deterioro desde una posición particularmente vulnerable.

Con el propósito de contar con una perspectiva más amplia, los datos de la Encuesta Nacional de Empleo entre 2010 y 2026 muestran una marcada estacionalidad en Ñuble. Históricamente, la desocupación aumenta durante otoño e invierno y disminuye hacia fin de año. Por ello, el 11,2% actual debe compararse con períodos equivalentes. Aun así, el problema excede la estacionalidad. En junio-agosto de 2026 tenemos aproximadamente 214 mil ocupados en Ñuble, menos que los 217 mil registrados en igual trimestre de 2019. Mientras el país ya tiene cerca de 4% más ocupados que antes de la pandemia, Ñuble aún no recupera ese nivel.

Las tasas de ocupación y participación refuerzan este diagnóstico. Los últimos 15 años Ñuble ha mantenido niveles inferiores a los nacionales y, después de la pandemia, ambas brechas promedian alrededor de 5,5 puntos porcentuales; entonces, el problema actual parece estar en la dificultad para recuperar terreno. La evidencia tampoco muestra una ruptura clara de estas brechas cuando Ñuble se convirtió en región en 2018. Esto no significa que ese paso haya sido irrelevante. La nueva institucionalidad ha significado mayores capacidades públicas, inversión y presencia del Estado. El desafío es que esos avances se traduzcan en una transformación productiva capaz de generar más y mejores empleos.

Estos factores requieren una mirada estructural. Ñuble mantiene una matriz productiva poco diversificada, una elevada ruralidad y déficits de infraestructura habilitante, especialmente en conectividad, capacidad hídrica y energética. A ello se agrega una estructura empresarial donde predominan las unidades de menor tamaño. Según datos del SII, en 2024 las empresas medianas y grandes representaban menos del 2% de las empresas de Ñuble, pero concentraban prácticamente la mitad de los trabajadores dependientes informados. Atraer inversiones y empresas de mayor tamaño debe entenderse como una estrategia complementaria para ampliar las oportunidades de empleo formal.

El diagnóstico tampoco debe conducir al pesimismo. Ser una región pequeña permite identificar con mayor precisión sus brechas y, potencialmente, focalizar mejor los instrumentos públicos. Pero ello exige pasar desde respuestas aisladas hacia una estrategia territorial que conecte infraestructura, inversión, formación de capital humano, innovación y desarrollo empresarial, con objetivos verificables y continuidad en el tiempo.

Ñuble necesita espacios permanentes de trabajo donde sector público, empresas, academia y sociedad civil compartan información, definan prioridades y evalúen resultados. Una mesa técnica regional de empleo y desarrollo productivo podría comenzar precisamente por construir un diagnóstico común y traducirlo en políticas focalizadas y medibles. El 11,2% es una señal preocupante, pero también información para decidir mejor. El desafío no consiste únicamente en reducir la cifra del próximo trimestre, sino en modificar las condiciones que hacen que Ñuble vuelva recurrentemente a ocupar una posición rezagada.

Roberto Herrera Cofré

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