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Tuve el privilegio de conversar con un profesional del área de la educación, quien se desempeña hoy como psicopedagogo en un establecimiento educacional municipal (Escuela) de la provincia del Ñuble, él atiende a niños y niñas de primaria y secundaria. Intranquilo me comenta: “no veo una preocupación de los padres por la educación de sus propios hijos, ellos dejan toda la responsabilidad sólo en el colegio”. El 2002 la revista Estudios Pedagógicos (de Valdivia) publica un artículo titulado “Relación Familia y Escuela: Un Estudio Comparativo en la Ruralidad”. En dicho trabajo se realizó un estudio descriptivo y comparativo en dos Escuelas rurales de la Región de Valparaíso. Se aplicaron entrevistas a madres, profesores (as) y una muestra de niños y niñas que cursaban de 1º a 6º básico. Dentro de los principales resultados se observó una falta de motivación en la relación de la familia con la Escuela, ya que las familias no participaban de las actividades respectivas. Si bien los padres declaraban que la Escuela era importante, esto no se veía reflejado en un involucramiento de los padres con la institución.

¿Cómo queremos mejorar la calidad de la educación, si los propios padres no asisten a las reuniones de apoderados?… Estamos en medio de una reforma educacional y la apuesta está centrada en (1) la gratuidad, (2) el fin de la selección y (3) el fin al lucro, ¿pero qué se ha discutido sobre la participación de las familias y apoderados?… ¿qué dirá la experiencia de países desarrollados al respecto?

En la literatura internacional es ampliamente reconocido que los alumnos para maximizar su potencial de escolaridad necesitan de todo el apoyo de sus padres. Los intentos por mejorar la participación de los apoderados en la educación mantiene ocupado tanto a los gobiernos, como administradores, educadores y organizaciones de padres de familia a través del Norte de América, Australia, Europa continental, Escandinavia y Reino Unido. En dichos países se promueve que los padres jueguen un papel no sólo en la promoción de los logros de sus propios hijos, sino más ampliamente en el mejoramiento de la Escuela y en la democratización de la gestión escolar. La Comisión Europea, por ejemplo, sostiene que el grado de participación de los padres es un indicador importante de la calidad de la enseñanza. En Inglaterra, la estrategia del Gobierno para asegurar la participación de los padres se estableció por primera vez en el año 1997. La estrategia incluía tres elementos fundamentales: (a) proporcionar a los padres información, (b) dar a los padres una voz y (c) estimular la relación de las asociaciones de padres con las Escuelas. Este tipo de estrategias permiten que, independientemente de las políticas del Gobierno, los padres participen activamente en la mejora del desarrollo educacional de sus hijos y el progreso educativo.

Sugiero que para mejorar la educación es necesario estimular la responsabilidad de los padres con el sistema educativo junto con la relación de éstos con las Escuelas.

Rodrigo Fuentes Solís,

Académico Escuela de Administración y Negocios – Universidad de Concepción.

By | 2016-12-07T00:41:07+00:00 septiembre 29th, 2014|Académicos EAN, Columna|