Columna de opinión

Las normas y valores sociales y su importancia en el desarrollo de los países

A menudo nos preguntamos por qué algunos países son un ejemplo a seguir en términos de bienestar social y calidad de vida, mientras que otros son una antítesis de los valores que queremos promover como sociedad. Si bien el enfoque tradicional señala que el desarrollo económico requiere de una combinación entre estabilidad macroeconómica y políticas redistributivas, existe evidencia de que el desempeño económico per se no se traduce necesariamente en una mejora en el bienestar de las personas. Un ejemplo de ello es el caso chileno. Cuando Chile hizo su ingreso a la OCDE el 7 de mayo de 2010, el país estaba embargado de orgullo, elevando así sus expectativas de calidad de vida en los años subsiguientes. Casi seis años después de este hito, el país se ha visto inmerso en un profundo descontento, producto de una serie de hechos que han salido a la luz pública como la colusión entre empresas y la corrupción política, mientras que el desempeño de sectores clave como la salud y la educación se mantienen lejos de alcanzar los estándares deseados.

¿Por qué algunos países no han podido acercarse al ideal de desarrollo pese a su buen desempeño económico? ¿Existe alguna fórmula para el éxito que sólo ha sido revelada a algunos? Una posible respuesta -entre otras posibles- es la ausencia de normas y valores sociales favorables al desarrollo. Mientras las normas sociales constituyen el conjunto de estándares que regulan el comportamiento de una sociedad (ej. Mantener la derecha, hacer fila, ser honestos), los valores sociales son estándares culturales que determinan los aspectos importantes para la vida en sociedad (ej. igualdad de oportunidades, salarios y comercio justo, flexibilidad laboral, comportamiento amigable con el medio ambiente). Estos sentimientos e ideales, una vez instaurados en la sociedad, dictaminan la forma en que los agentes interactúan, determinando así comportamientos aceptables e inaceptables. Los agentes que actúan de la manera esperada experimentan un gran bienestar, y este sentimiento actúa como incentivo para perpetuar comportamientos que hacen que el sistema funcione en la forma deseada. Por el contrario, si los individuos tienen conocimiento de que un agente ha violado los valores de la sociedad, estarán dispuestos a castigarlo -incluso a su propio costo-, con el fin de reinstaurar el orden en la sociedad. No es una coincidencia que los países más exitosos en términos de desarrollo son aquellos que tienen fuertes valores sociales. Por ejemplo, en países donde priman los valores de justicia y honestidad no existe corrupción; asimismo, en países donde la igualdad de oportunidades refleja el sentir de la población no existe discriminación.

Si bien no existe una lista mágica que pueda transferirse de un país a otro, es muy importante que las reglas formales de cada país sean complementadas con normas y valores que representen la sociedad en que queremos vivir. Hemos evolucionado de tal manera que saludar, dar propina y repudiar conductas negativas se ha instaurado como norma de comportamiento. Estamos a tiempo de conformarnos a la norma de la honestidad y abrazar nuestros propios valores para hacer de nuestro país un mejor lugar para vivir.

2016-12-07T00:41:01+00:00

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Profesora de economía.