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Malos resultados. Las pruebas estandarizadas que miden las habilidades lectoras de los estudiantes secundarios, PISA por ejemplo, aplicada a adolescentes de 15 años de Chile y del mundo, nos posiciona en un lugar muy alejado de quienes lideran el ranking de las naciones pertenecientes a la OCDE. En palabras simples: nuestros alumnos no comprenden lo que leen. Esta sentencia me hace pensar en lo que hacemos, pero más aún en lo que como educadores podríamos emprender para resolver esta brecha que nos distancia considerablemente de otros países. En esta reflexión vienen a mi mente los planes lectores y las lecturas personales. Plan lector. Me refiero a aquella lista de textos, literarios casi siempre, que los estudiantes deben leer mes a mes durante un año lectivo, para completar la secuencia de notas que requiere el programa de estudios de la asignatura de Lenguaje. Ahora bien, nota y placer por la lectura, no me parece una relación muy armónica. Porque los planteamientos de los alumnos son claros y categóricos: leen lo que les interesa, y cuando este proceso se ve condicionado a una calificación, la atención disminuye y el propósito fruitivo de la lectura desaparece. Somos lo que leemos. De alguna u otra forma, todo lo que decidamos leer nos permitirá conocer diferentes dimensiones del saber, puesto que según lo que leamos, hablaremos, debatiremos, compartiremos, etc. Pero qué pasa cuando definitivamente no leemos y en el caso de los alumnos, leer porque es un deber, leer porque serán evaluados. ¿Constituirá esto un aprendizaje significativo? Tengo serias dudas acerca de esto. El verdadero objetivo. Cuando pienso en libros, me transporto a la infancia y alucino con cuentos que me acompañaron en esta etapa… y recuerdo que leía cada vez que tenía tiempo libre (leía lo que me gustaba, por supuesto), y solo lo que quedaba de estos momentos lo destinaba a aquellos textos que serían evaluados. Esta misma realidad observo en niños y jóvenes, porque es como si la evaluación viniera a entorpecer el proceso de la lectura o el objetivo sublime de esta, soñar, imaginar y viajar a mundos mágicos. Así lo viví yo también. El cambio. Generar uno puede sonar fácil; pero cambiar estructuras es difícil, el comienzo y la clave están en que cada maestro es el due- ño de sus estrategias, y en ellas debe potenciar su creatividad y la de sus estudiantes, separando la lectura de las calificaciones y presentándola como un medio para infinitas situaciones, en ningún caso como un fin. La tarea. Responsable de que los cambios sean dificultosos somos nosotros mismos, porque pareciera que no ha habido aprendizaje si no se evaluó, pareciera que necesitamos del producto numérico para constatar que hubo trabajo acadé- mico… ¡Entonces! Por qué no dejar la prueba a un lado y preferir una maravillosa lectura compartida, dejarse llevar por una fantástica lectura modelada y permitir que las lecturas personales no sean de exclusivo tiempo en casa, sino que se conviertan en una aventura plural dentro del aula, la aventura de todos. Definitivamente me resisto a la evaluación de los libros. Y me atrevo a decir que si modificamos la forma, el fondo se transformará, más temprano que tarde.

Nelly San Martín Sepúlveda,

Esc.Admin- Negocios – Universidad de Concepción.

By | 2016-12-07T00:41:03+00:00 noviembre 18th, 2015|Académicos EAN, Columna|